No deja de resultarme curioso,
cuando menos, que en el mundo de las redes sociales se cobijen toda una serie
de personajes que bajo la bandera de la defensa de las libertades y los
derechos humanos, escondan una sectaria visión de aquello que dicen defender.
Quizá esa vorágine de leyes de educación y el “colegueo”, haya derivado en una generación que piensa que su verdad es “La Verdad” y
cualquier opinión diferente ha de ser objeto de insultos, por que los insultos al contrario son "buenos" también. Digo quizá,
por que también te encuentras en ese submundo personas algo creciditas que
destilan esas mismas formas y maneras, y que detrás de un buenrollismo
edulcorado no existe más que absolutismo. Así que, no acabo de entender
cómo y por qué surgen esas mentalidades dentro de una sociedad democrática,
pero la realidad es que existir existen, y se expanden por la redes sociales
Hace pocos días colgué un tuit en
el que me quejaba de una remodelación en Barcelona que afectaba a la movilidad,
y, sorprendentemente, cuando volví a coger el móvil horas después, me encontré
con decenas de tuits de 4 o 5 individuos cuya intención era, claramente,
quemarme en la hoguera por hereje, por atreverme a cuestionar la situación de
un carril bici… como se me ocurría quejarme! Y claro, necesitaban ponerme una etiqueta, uno incluso me preguntó en qué me movía para poder situarme en un grupo, y me bautizaron como #BiciHater , porque sus cabecitas no dan para más, porque opinar distinto supone odiar, por que en el odio y en el conflicto crecen y sobreviven, y por ese motivo ese tipo de gente necesita colgar etiquetas, por que sin ellas no son nadie, sin ellas no habría bandos, sin ellas se diluirían en el mar de pensamientos distintos y sus estelas ya no serian rutilantes...
Pongo este ejemplo por ser el más ridículo,
aunque podría poner muchos otros de muchos otros que se ven acosados y
asediados en redes sociales por expresar sus opiniones
Es realmente triste que, con lo
que lucharon nuestros abuelos y nuestros padres por conseguir la libertad de la
que hemos disfrutado hasta ahora, una parte de la sociedad, una parte
minoritaria, pretenda hacer callar al resto imponiendo sus ideas, sean las que
sean, por que son la buenas, porque opinar distinto supone que te señalen y
convertirte en objetivo. De eso sabemos mucho en Cataluña, donde, desde hace
unos años, hemos perdido nuestra libertad de expresión, pensamiento e
ideología, incluido la libertad de sentir… y a esa situación ya estaba
acostumbrada pero pensaba, ilusa, que aparte de los indepes no existían más grupúsculos,
y comprobar que no es así me entristece enormemente. Tu y yo podemos tener
opiniones distintas pero no por eso voy a lanzarte al fuego del infierno, en
eso consiste precisamente la libertad, en poder expresar cada uno y desde el
respeto al de enfrente, sus opiniones, discutirlas, debatirlas e incluso
modificarlas, pero nunca imponer, nunca marcar, nunca colgar etiquetas. Esos
marcajes no son más que herencias de pensamientos totalitarios, dictatoriales,
absolutistas y muy alejados de los conceptos de libertad, de fraternidad, de
igualdad.
Lo que sí que tengo claro es que,
pese a quien pese, voy a seguir ejerciendo mi libertad de expresión, mi libertad
de pensamiento y mi libertad de decidir cómo redacto, qué critico, cómo me
visto, con quién me siento, a quién admiro y a quién no, cómo me muevo, a quién
represento, a quien defiendo y a quien no….No pienses como yo, pero respeta que
yo piense diferente
Nadie tiene La Verdad, así que no
os intimiden porque quizá, sólo quizá, ellos sean quienes escondan sus
carencias tras sus actitudes, y callando consentimos
